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Robert Burkitt; Xucaneb: Los cerros y el maíz

 

El norteamericano Robert Burkitt, uno de los primeros investigadores de la historia de Verapaz, recogió el mito Los cerros y el maíz, de Tiburcio Caal, ilustre habitante de Cobán, en 1904. Tiburcio Caal modificó su versión del mito con una que Burkitt había escuchado de un hombre de Carchá. Esta narración fue publicada en q’eqchi’, con una traducción en inglés, The Hills and the Corn (Burkitt, 1920).

Robert Burkitt 1918
Tiburcio Caal 1918

Un día se despertó Xukaneb y no encontró a su hija en su dormitorio, tampoco las servidoras la habían visto. Preocupado mandó a llamar a sus consejeros: los cerros Pansuj, Q’eqwa, Ma’ Puk’lum, Chich’en, Chi Tzujay y Ma’ Tok’. Les explicó que ya no estaba su hija: ¿qué debía hacer? Habló el viejo cerro Puk’lum, encorvado por los años, siempre enfermo, pero con una gran sabiduría. Puk’lum le aconsejó liberar los perros de Xukaneb, para buscarla con su vecino. Si no regresaban, ya se sabía que la hija estaba allá. Xukaneb mandó a sus dos perros, que en realidad eran un puma y un jaguar. Regresaron después de dos días, diciendo que el cerro vecino, K’ix Mes, los había aprisionado. También indicaron que encontraron a Suj K’im en las rodillas de K’ix Mes.

Cuando Xukaneb entendió que era algo serio, envió a sus mensajeros, los pájaros Cola Bifurcada (xaalamje’) –un tipo de gavilán pero más pequeño– y Gavilán (k’uch) con el señor Saqlech. Le pidió el favor de poder dejar en sus cuevas todos sus bienes, sus cinco clases de maíz y animales, para que él los guardara hasta que enviara por ellos. Saqlech respondió favorablemente.

Entonces, Xukaneb envió todo su maíz con sus animales. Saqlech era el primer pretendiente de Suj K’im, por lo que estuvo dispuesto a ayudar a su futuro suegro. Sin embargo, no sabía que Suj K’im había sido raptada por K’ix Mes. Al tener las manos libres, Xukaneb envió a su hermano menor, el pequeño Xukaneb (ajch’ina Xukaneb), a traer a su hija. Aunque los perros –el puma y el jaguar– lo mordieron por todos lados, K’ix Mes resistió y no quiso entregar a la muchacha. Avergonzado, el hermano menor regresó. Xukaneb se enfureció mucho más y esta vez envió a Xa’an Ab’a’as, a ir a recoger a su hija – xa’an significa anciana y es el equivalente del masculino ma’. La vieja comadre, Xa’an Ab’a’as, era la esposa de Ma’ Puk’lum. Xa’an Ab’a’as se preparó y luego se tiró con toda su fuerza en el cerro K’ix Mes. En eso, se rindió el raptor. Pidió a la anciana acompañarlo ante el supremo Señor Cerro-Valle, Xukaneb. Así hizo la anciana, Xukaneb se calmó al ver de regreso a su hija. Perdonó a K’ix Mes y lo aceptó como buen yerno.

En seguida, Xukaneb envió a sus mensajeros Cola Bifurcada y Gavilán a Saqlech, para recoger su maíz y sus animales. Estos le contaron que Suj K’im ya había regresado con su padre Xukaneb y que había aprobado su matrimonio con K’ix Mes. Esta noticia encolerizó a Saqlech, y reclamó que él era el primer pretendiente de la mano de Suj K’im y que prefería morir antes que devolver los bienes de Xukaneb. Dijo también que iba a esconder el maíz, para causar una hambruna entre los animales. Al ser informado por Cola Bifurcada y Gavilán, Xukaneb reunió a sus consejeros.

Pronto hubo una gran escasez de maíz. Los animales sufrieron. Pero no todos. Parecía que el gato de monte (yak) siempre tenía su panza llena. Los otros animales fueron a preguntarle dónde había encontrado comida, pero el gato de monte no quiso responder. Decidieron seguirlo en secreto y vieron que iba al cerro Saqlech. Allí había un zompopero, que desaparecía en una grieta. Cuando retornaban los zompopos venían cargando una semilla de maíz, la que era fácil de robar al astuto gato de monte.

Así se dieron cuenta los animales dónde Saqlech había escondido el maíz e informaron a Xukaneb. El Señor Cerro-Valle mandó a tres cerros jóvenes de Chitz’eq (Chisec) a romper la cueva con el maíz. El primero lanzó con toda fuerza su rayo contra el cerro, pero no lo logró. Tampoco el segundo ni el tercero pudieron hacerlo. Avergonzados, tuvieron que reportar a Xukaneb que lo habían intentado repetidamente, con todas sus artes, pero que todo había sido en vano.

Dios del Maíz con Puk’lum, Chajkar. Dieseldorff 1926.

En eso, Xukaneb citó a Ma Puk’lum. Enterado el anciano contestó: ¿cómo puede un viejito, enfermo e hinchado de cara y pies, quebrar el cerro fuerte de Saqlech, si tres jóvenes no lo han conseguido? De todas maneras, se conformó diciendo que era pobre y que iba a morir. Para su preparación Puk’lum pidió al cerro vecino, Ma’ Tok’ (Anciano Navaja de Pedernal), que le prestara su piedra del fuego para afilar su hacha. Además, le rogó que estuviera listo con su gran tambor (nimla wajb’) y empezara a tocarlo cuando él saliera.

Asimismo, invitó al pájaro carpintero (tzentzerej) a buscar la parte hueca del cerro, golpeándolo con su pico, para localizar el depósito de maíz. Allí tuvo que quedarse el pájaro como marca, hasta que él lanzase su rayo. En ese momento, tenía que irse volando, pero cabeza abajo, para no quemarse. Así lo hizo el carpintero y cuando encontró la parte vacía, gritó a Puk’lum. El viejo se tiró con toda su bravura y golpeó con su rayo a la cueva del maíz. El cerro quedó hecho pedazos y el maíz brotaba como un chorro de agua, de varios colores.

Puk’lum regresó con los animales que venían cargando el maíz. Xukaneb, ya lo estaba esperando en la entrada mayor de su cueva-residencia, llamada Xpek Ch’olwinq (Piedra de Gente Ch’ol). Allí entraron los animales para dejar los cinco colores de maíz en una sala preciosa. Xukaneb y sus consejeros celebraron la entrada del maíz con un gran concierto de rayos. Luego, Xukaneb entregó el maíz a sus consejeros para que lo distribuyeran por sus tierras.

A Puk’lum le dio el oficio de cuidar a sus animales. Cabe señalar que al carpintero le había pasado algo. En vez de huir cabeza abajo, se había ido cabeza arriba y se había quemado. Es por ello que el carpintero se quedó adornado con un rayo rojo en su cabeza.

Así termina el relato

Los cerros mencionados en el texto todos Señores Cerro-Valle -se refieren sin duda a lugares geográficos, lo que da un sentido sumamente histórico al mito. Xukaneb es el cerro más alto de Verapaz (2,648 msnm). Al noroeste del Xukaneb está Chich’en, que hemos venido conociendo como el centro prehispánico más grande del área. En la ruta de Chich’en a Tactic, se pasa por Chi Tzujay, otro cerro mencionado. Suj K’im es un caserío en la aldea Sa Tolox, de San Juan Chamelco, no muy lejos de Xukaneb. No se sabe dónde está K’ix Mes, tampoco hemos podido identificar Pansuj –que suena a poqomchi’- ni Q’eqwa. Ma Puk’lum es, según Paul Wirsing, el cerro de Kojaj-Pocola –en la montaña Pocola– que es el cerro más alto de la Franja Transversal y que hoy se conoce también por Nimla Tzuul, Cerro Grande (1,820 msnm).

Cerro Xucaneb 1918

Al norte de Ma’ Puklum esta Qana Ab’a’as o Se Ab’a’as. Ma Tok’ es muy probable Simaj Tok’, cerro que marca el límite oriental del territorio de Chamá. Saqlech es la montaña que se cruza antes de entrar a Chisec, viniendo de Cobán.

Cabe destacar que el mito muestra una evidente relación entre la hija de Xukaneb y el maíz. Cuando ella anda afuera de la cueva-residencial de Xukaneb, también el maíz está afuera –en la cueva de Saqlech.

Cuando Suj K’im regresa, también retorna el maíz. Las cinco clases de semillas de maíz son llamadas en el texto: li oob’ paay chi xna’ ixim. Xna ixim literalmente significa ‘madre del maíz’ y, según mis estudiantes, es un término para la Diosa del Maíz. El papel de la Anciana Ab’a’as en la narración es realmente la de una comadre que arregla el matrimonio. Por eso logra que la hija regrese. La función de la Anciana Ab’a’as tiene su complemento en el papel de su esposo, Ma’ Puk’lum. Él procura que el maíz vuelva. Esta relación entre la Luna y el maíz es una de los temas de este libro y lo encontramos plasmado también en los Héroes Gemelos. Concuerda con otros mitos de Verapaz en los que Qana Po, Señorita Luna, se convierte en maíz.

 

Extraído del libro “Xib’alb’a y el nacimiento del nuevo sol: Una visión posclásica del colapso maya” de Ruud van Akkeren.

Ruud van Akkeren es un antropólogo, etnohistoriador y escritor holandés, especializado en los documentos indígenas del altiplano de Guatemala, tales como el Popol Vuh, el Rabinal Achí y el Memorial de Sololá. Aprendió k’iche’ y kaqchikel para poder estudiarlos en su idioma original.

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