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Memorias de Franz Sarg; Parte IV

Con la venta de Pantocán, a fines de 1871, hubo una larga interrupción en mis relaciones directas con la Verapaz; sin embargo, mi actividad no dejó de tener influencia directamente en el desarrollo del departamento durante mi ausencia, que se prolongó todo el año 1872. La Compañía de Agencias en Guatemala, por cuyas manos se realizaba toda la importación y exportación del país en el Puerto de San José, me ofreció el cargo de factor en ese puerto, cosa que acepté.

Puerto de San José, a la derecha Compañía de Agencias Guatemala, 1883

A fines de 1872 me fui a ver mi hermano, James Frederick Sarg, en San José, para convencerme de retornar a Verapaz. Era agrónomo de profesión y se había entusiasmado por la caficultura a través de mis informes, desde 1869. El creía reconocer en ésta un futuro promisorio para sí, por lo que decidió seguirme a Guatemala en la esperanza de encontrar condiciones favorables cerca de mí. En febrero de 1870 arribó con su esposa a Izabal, donde lo fui a recibir y lo llevé a San Cristóbal. Después de un breve descanso en Pantocán continuó su camino a Cobán, donde por un tiempo apoyó a Richardson en la recepción y envío de café comprado; mientras tanto aprendió español, buscó una propiedad adecuada para comprarla y finalmente adquirió la finca Sachamach, de Camilo Borja.

Después se me acercó con la propuesta de que me asociara con él y que estableciéramos juntos una finca de café y un negocio de importación de mercancías, para el que se nos había asegurado capital de parte de nuestros padres, así como créditos de la casa Hockmeyer & Rittscher, del señor Georg I. Hockmeyer en Hamburgo y de muchos otros. Acepté y renuncié al puesto de factor, y tras haber introducido a mi sucesor y ponerlo al tanto de todo, me dirigí a Cobán, en febrero de 1873, para, primero, poner en claro más exactamente nuestros planes y luego dar a conocer la nueva casa comercial de Sarg Hermanos.

Placa Conmemorativa de Hermos Sarg, en su segunda sede antiguo Almacén el Gallo, actualmente el Gallo más Gallo.

Hasta fines de abril traté de familiarizarme lo mejor que pude con las necesidades del lugar. El 1 de mayo emprendí un viaje a Europa con los señores Eduard Lehnhoff y Johann Doeding (de la casa Rieper, Augener & Co. de la capital), partiendo de San José vía San Francisco, hasta donde tuve pasaje libre, luego pasé visitando el valle Yosemite, Salt Lake City, Chicago y las cataratas del Niágara. Lehnhoff me introdujo en Nueva York en la casa G. Amsinck & Co., que igualmente me puso a disposición un crédito; también me asesoró en la modesta compra de mercancías, que hice a efecto de enviarlas a Cobán como muestra. Lo mismo hizo el señor Hockmeyer para mí en Hamburgo, y buenas recomendaciones me facilitaron completar satisfactoriamente el surtido para nuestro almacén de mercancías, en Manchester y Londres.

Durante la visita a mis padres, en Darmstadt, conocí al señor Thomae, director de la Escuela agrónoma Hof Geisberg, cerca de Wiesbaden. Mi hermano J. Frederick había sido su discípulo, y me preguntó muy particularmente sobre él, asimismo mostró un vivo interés por nuestros propósitos y posibilidades, haciéndome preguntas a través de las que obtuvo un conocimiento más exacto. Esto llevó, de primero, a la mención de su hijo, quien después de varios años de aprendizaje y posterior empleo en una casa comercial londinense abrigaba el deseo de salir a ultramar a fin de alcanzar una existencia independiente más rápidamente. Luego, tras otras negociaciones más intensas llegamos a un acuerdo, conforme al cual Moritz Thomae viajaría conmigo de regreso a Cobán, donde se iniciaría en el trabajo. Fijamos mediante contrato un plazo, después de cuyo término Thomae estaba en la libertad de convertirse en socio de la empresa, aportando una determinada cantidad de capital, lo que se hizo efectivo a fines de 1874.

En el viaje a la patria, vía Nueva York, hice escala en Southampton, continué mi camino a Londres y, atendiendo la invitación de un compañero de juventud, me hospedé en su casa. Allí la esposa de mi anfitrión me presentó una joven dama, la señorita Mary Parker, que causó una profunda impresión en mí. Esto me impulsó a que, en octubre, cuando tuve que ir de nuevo a Londres, le suplicara a la esposa de mi amigo que me facilitara un segundo encuentro con su amiga. Ambos fuimos invitados en su casa, lo que me hizo posible obtener un sí. Su madre nos otorgó la bendición (el padre había muerto ya hacía mucho) y con la mayor rapidez posible se hicieron los preparativos para la boda, el ajuar, la licencia etcétera, pues mi tiempo estaba medido justamente.

Familia Sarg en Hamburgo, 1890-1900 aprox

Nos casamos el 13 de noviembre en Penge. Mi suegra, una dama gentil y bondadosa, había reunido a los parientes de ambos lados en número tan grande, que el banquete de bodas se tuvo que hacer en el Cristal Palace. Entre los invitados figuraban, además de Thomae, sólo una persona más relacionada con la Verapaz, Rodolfo Rohrmoser, quien había acompañado al ex presidente Miguel García Granados como asistente personal en una viaje a Europa. Rohrmoser sabía contar algunas cosas interesantes sobre sus experiencias en esa posición.

Por ejemplo, una vez se alojó con el distinguido caballero en uno de los primeros hoteles de Londres; un día encontraron anotado en la lista del menú “Abessinian Pears”, o sea peras de Abisinia. El nombre desconocido para ellos despertó su curiosidad y pidieron el plato, que les fue servido; al verlo Don Miguel exclamó indignado:

“¡Pero esto no es más que güisquil!”

A la muerte del ex-Presidente, Rohrmoser perdió su puesto y pasó una temporada en Cobán; sin embargo, por la buena vida se había vuelto haragán y perezoso y paulatinamente se convirtió en abúlico.

El 15 de noviembre me embarqué en Southampton con mi esposa y el señor Moritz Thomae, y después de una buena travesía llegué a Cobán vía Jamaica, Belice e Izabal, a fines de diciembre.

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