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Cartas de Erwin P. Dieseldorff | Carta #6

31 de octubre de 1888 A bordo del “City of Dallas”
Frente a Punta Gorda, Honduras Británica (Actualmente Belice).

Ayer como a la una y media de la tarde, partimos de Belice. Todavía es temprano, en dos horas estaremos en Lívingston y quiero aprovechar el tiempo para contarte sobre Belice. En Belice encontré al señor Beattie y su señora Agusta y a muchos conocidos. Beattie nos fue a recoger en su velero y rápido llegamos al muelle que esta sobre el rio Belice. Allí estaban las casas que construyo el tío C.W. Dieseldorff en los años 50 y que vendió después a B. Cramer, a quien todavía le pertenecen.La vegetación aquí es indescriptiblemente exuberante. Por todas partes hay palmeras imponentes y rectas, con bellísimas coronas, llenas de cocos, bananos y muchas palmas, árboles frutales, acacias, cactos y toda clase de árboles que son totalmente desconocidos cuya maravillosa belleza solo puedo esbozar, pues mi descripción no logra ofrecerte la menor idea. Aquí hay muchachos negros, a veces solo medio vestidos. El mercado está frente a la casa de Beattie, está lleno de cosas tropicales, caña de azúcar, etc. El calor de medio día es terrible. Hoy hace mucho calor.

Después de Nueva Orleáns, Belice me ha causado una muy buena impresión, a pesar de que las calles no están pavimentadas, pero son bastante buenas y planas. Las casas están construidas en forma regular y son limpias en gran parte. La ciudad no se puede comparar con Nueva Orleáns. Belice es bastante extendida, tiene dos iglesias, una municipalidad, una bella gobernación y barracas militares, que utiliza ahora la policía. En Belice hay dos periódicos. En nuestro paseo encontramos a todos los “big men” de Belice a caballo, que es el ejercicio diario de cada persona que tiene dinero.

Beattie nos llevó después otra al banco. A la mañana siguiente nos divertimos pescando y sacamos del mar muchos peces grandes y raros. Alrededor del barco nadaban varios tiburones de 12 pies de largo. Si hubiera tenido mi revolver a la mano los hubiéramos sacado, pero sin revolver no era posible matarlos después de pescarlos. El martes y la semana pasada hemos tenido varios chubascos también llamados “see squalls”. Se les ve llegar, de repente empieza a caer el agua como de un cubo y después de haber llovido por 10 minutos, se acaba repentinamente y luego brilla otra vez el sol. Anclamos en muchos lugares para entregar el correo, Mullins River, Stann Creek, All Pines, Sitte River y Punta Gorda. Durante la noche me fastidiaron mucho los moscos. En toda la costa no hay más que selva, todo es verde. A una distancia de 5 a 30 millas inglesas se ven unas colinas y una montaña de 3,300 pies de altura. Las montañas se llaman Coscomb Mountains (montañas mayas).

Los cayos son raros. Son pequeñas islas en el mar a unas dos a cinco millas inglesas de la costa. A veces solo garantizan el espacio para tres palmeras, otras veces tiene varias millas inglesas de largo. En estas vive la gente; la vida en la costa es muy saludable y agradable, porque siempre hay viento. Me he puesto el traje que usé el año pasado en Suiza para escalar montañas; una camisa de franela blanca, calzoncillos de lana delgada, calcetines de lana delgados, zapatos tenis amarillos de cuero y mi sombrero de paja; por la noche un pijama delgado y colcha sencilla de lana delgada y las ventanas abiertas. Ahora paramos en punta gorda. Reman en nuestra lancha con el correo a la costa. Las canoas cavadas de un árbol (cayucos) llegan al barco con racimos de bananos y cocos para venderlos. Tengo que entregar esta carta para que la echen al correo en nueva Orleáns.

Juan Moncada

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